Sermones sobre 1 Timoteo, 2 Timoteo,
Tito
y de 2 Corintios


Por Wayne Partain


 

De Tito y de 2 Corintios

 
 

 

“Que enseñen a las mujeres jóvenes”

Tito 2:3-5

Introducción.

A. Tito 2:3,“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; 4 que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, 5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

B. Las hermanas de más edad deben ser maestras. Muchas hermanas avanzadas en años tienen conocimiento y experiencia que deben compartir con las hermanas más jóvenes.

C. ¿Qué les deben enseñar?

I. Que deben amar a sus maridos.

A. La mujer que ama a su marido le será fiel. Prov. 31:11, “El corazón de su marido está en ella confiado”.

B. La mujer que ama a su marido estará sujeta a él: “sujetas a sus maridos”, ver. 5; Efes. 5:22-24; Col. 3:18.

C. Desde luego la mujer debe amar a su marido en el sentido del verbo agapao, que es el amor de buena voluntad, el amor que busca el bienestar del marido, pero aquí en Tito 2:3 , Pablo dice que sean amantes, afectuosas, encariñadas, (philandros) con sus propios maridos. Prov. 6:15, “Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo. 16 ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, Y tus corrientes de aguas por las plazas? 17 Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo. 18 Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, 19 Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre”.

D. El verbo phileo significa amar en el sentido de ser afectuoso y también tiene el significado de “ser amigo de”. La esposa debe ser la mejor amiga de su marido. Deben entenderse y ser íntimos amigos.

E. Ella es su compañera (Gén. 2:18), su asistente, su ayudante. Ella apoya a su marido. Se identifica con él. Tiene interés en su trabajo, sus problemas y dificultades. El marido debe consultar a su esposa en todo y la esposa debe consultar a su marido en todo.

II. Que deben amar a sus hijos.

A. Desde luego, no puede amar a sus hijos si no tiene hijos. Muchas mujeres no quieren tener hijos. Prefieren tener perros y gatos como mascotas en lugar de tener hijos.

B. Muchas mujeres embarazadas no aman a sus hijos y permiten que los doctores y enfermeras los maten en la matriz o durante el proceso de dar a luz. Tales mujeres están “sin afecto natural” Rom. 1:31.

C. La mujer que ama a su hijo le enseña la Palabra de Dios, comenzando con las muchas historias bíblicas, porque a través de ellas el niño conocerá a Dios. Rom. 10:17, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Los hijos deben oír la palabra desde la niñez”. 2 Tim. 3:15, “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.

D. La mujer que ama a su hijo le disciplinará. Prov. 13:24, “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”. Tanto la madre como el padre deben disciplinar a sus hijos.

III. A ser prudentes (sensatas, juiciosas), castas.

A. La mujer que ama a su marido y a sus hijos debe ser buen ejemplo de estas cualidades. También “buenas” (ver. 5), bondadosas. Debe ser cumplida como ama de casa y poseer un espíritu bondadoso. 1 Ped. 3:3, “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

B. 1 Ped. 3:1, “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa”.

C. 1 Tim. 2:9, “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.

IV. Para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

A. Las hermanas jóvenes que no aprenden o no practican esta “sana doctrina” serán causa de que la palabra de Dios sea blasfemada, porque los de afuera juzgan la doctrina por su fruto.

B. Si alguna mujer profesa ser cristiana (miembro de la iglesia de Cristo) pero no ama a su marido (y no está sujeta a él), no ama a sus hijos, no es prudente, casta, cuidadosa de su casa y buena en su actitud y comportamiento, los de afuera se burlarán no sólo de ella, sino también de la doctrina que ella profesa creer y practicar.

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Que sean hacendosas en el hogar

Tito 2:5

I. El papel de la mujer.

A. 1 Tim. 2:15, la mujer “se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia”; 1 Tim. 5:14, “Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia”.

B. Desde luego hay hermanas solteras que son fieles siervas de Dios, y hay hermanas con familia que están obligadas a trabajar fuera del hogar por no tener marido o por estar incapacitado el marido, etc., pero estos textos (al igual que Gén. 2:18, etc.) explican el papel de la mujer. Estos textos enseñan que según el plan de Dios el papel de la mujer es doméstico; es decir, su trabajo está en el hogar y es trabajo de tiempo completo. La mujer con hijos que acepte un empleo de tiempo completo fuera del hogar tiene dos empleos de tiempo completo. Al llegar a casa cada día después de trabajar unas ocho horas en una oficina u otro empleo todavía le espera su otro empleo de tiempo completo.

D. Hoy en día si las hermanas de más edad están enseñando a las hermanas jóvenes a ser hacendosas en el hogar, parece que a muchas no las están convenciendo, porque cada vez más hermanas están trabajando fuera del hogar.

II. La palabra oikourgous significa “hacendosas en el hogar”.

A. Deben ser “cuidadosas de su casa” en el sentido de ser trabajadoras en su casa (así indican los manuscritos más antiguos). Lacueva dice “dedicadas a las faenas de casa”.

B. Esta es “sana doctrina” (ver. 1). Esta es la voluntad de Dios, es el plan divino para la mujer. Isa. 55:8, 9, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Pero muchas hermanas no quieren oír los pensamientos de Dios. Prefieren escuchar a las mujeres modernas que quieren sacarlas del hogar para que puedan tengan su profesión o carrera lucrativos.

III. Según las feministas la mujer no realiza su potencial si es solamente ama de casa.

A. Creen que la mujer debe ser más “independiente”, tener su propia carrera fuera del hogar, su propio cheque, y aun su propio automóvil. Creen que la mujer que es solamente ama de casa no tiene ambición, que sólo puede tener bebés y que no tiene mente propia porque está dominada por un marido chauvinista.

B. La mujer que sale cada mañana vestida como profesional y llevando su maletín para trabajar en una oficina es glorificada, mientras que la “pobre mujer que es sólo ama de casa” está menospreciada como esclavizada e indigna de gloria alguna. Es digna solamente de la conmiseración.

C. La feminista rechaza 1 Ped. 3:1, “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

IV. Pero un gran porcentaje de las mujeres que trabajan fuera del hogar tienen familias.

A. Entonces, al salir ellas para la oficina, etc., ¿quién se encargará de los niños? ¿Quién los cuidará cuando están enfermos? ¿Dónde estará la mamá cuando hay llamada de la escuela avisando que su hijo(a) está enfermo(a)? ¿Quién preparará buenos alimentos para la familia? ¿Quién les darán la bienvenida cuando regresan de la escuela? ¿Quién escuchará cuando quieren platicar de las actividades del día? Se han reído, se han llorado, les ha ido bien o mal en las clases, etc., pero ¿dónde estará mamá para que le platiquen todo esto?

B. No hay quien substituya a la madre en el hogar. Por más que les paguen, las niñeras y guarderías o las abuelas o tías simplemente no pueden hacer lo que la madre debe hacer. Según Larousse una guardería es “Local donde se atiende y cuida a los niños cuyos padres no pueden ocuparse de ellos durante las horas de trabajo”. ¿No pueden hacerlo? O ¿no quieren hacerlo?

C. No es necesario. Hay muchos casos de hermanos y hermanas que aceptan este arreglo (de que la hermana trabaje fuera del hogar) cuando en realidad no es necesario que ella lo haga. En muchos casos tanto el marido como la esposa quieren que ella trabaje para que con los dos cheques tengan mejor casa, mejores muebles, más ropa costosa, vacaciones más costosas, etc. y que haya mucho dinero que gastar en los hijos para consentirles y arruinarlos.

V. La mujer virtuosa de Prov. 31.

A. “Considera la heredad, y la compra … ve que van bien sus negocios … Hace telas, y vende …” (ver. 16-23). ¿No era mujer de negocios?

B. Esta mujer no sale del hogar para trabajar en alguna oficina o alguna planta desde las 8:00 a.m. hasta las 5:00 p.m. Todo lo que ella hace está relacionada directamente con su trabajo como ama de casa. Lo que hace tiene que ver con alimentar y vestir a su propia familia y para ayudar a otros.

C. Muchas hermanas ayudan a sus maridos de esta manera. Sin dejar el hogar ella puede ocuparse en algo para ganar dinero. La mujer virtuosa de Prov. 31 hace tapices (v. 22) y otras cosas que puede vender y luego compra terreno, planta una viña, etc. Los que son criados en el campo entienden esto perfectamente, porque la mujer trabaja en todo.

D. Pero pregunte a las jóvenes modernas acerca de sus planes. Piensan educarse, y es muy importante que todos los jóvenes y las jóvenes se eduquen, pero muchas de ellas le dirán que piensan ser doctoras, dentistas, farmacéuticas, abogadas, etc.; es decir, tienen planes para una carrera profesional. También piensan casarse y tener hijos pero piensan dejar sus bebés con alguien más durante las horas del trabajo, y seguir en su profesión.

E. Creen que habiendo ocupado otra gente para el trabajo de la casa, pueden dedicar unas dos o tres horas cada noche a sus hijos. Se engañan hablando de dar a sus hijos “tiempo de calidad”. Esto no es tiempo de calidad sino simplemente las sobras del día. Durante todo el día cuando los pequeños urgentemente necesitan a su mamá, ella no está. Ella no está cuando sus hijos salgan para la escuela, no está en casa cuando algún hijo(a) se enferme durante el día, no está cuando los hijos lleguen de la escuela. En muchísimos casos, los menores llegan a una casa vacía y allí están sin supervisión hasta que lleguen sus padres.

VI. ¿Cómo son los resultados de este plan? ¿Cuál es el fruto del árbol?

A. El divorcio. Sin lugar a dudas una causa principal del divorcio es que la mujer trabaja fuera del hogar. La mujer casada que trabaje todo el día bajo la dirección de algún hombre que no sea su marido y en compañía de otros hombres estará sujetada a múltiples tentaciones.

B. La fornicación es una consecuencia común de este arreglo: doctores con enfermeras, el patrón o mayordomo con su secretaria, etc. ¿Por qué? Porque hombres y mujeres que están casados con otros son compañeros íntimos en el trabajo todo el día, día con día, semana tras semana.

C. Para los hijos también la consecuencia es desastrosa, porque están solos y con toda libertad en la casa o andan sueltos y libres fuera del hogar. De esta falta de supervisión (que es falta de amor) resulta el uso de drogas, la fornicación, la formación de pandillas, y toda forma de perversidad. Los hijos necesitan supervisión, dirección, enseñanza, disciplina y, en una palabra, necesitan amor. Prov. 29:15, “el muchacho consentido avergonzará a su madre” porque se destruye solo.

 

 

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Que la doctrina no sea blasfemada sino adornada

Tito 2:6, 10

Introducción.

A. “blasphemeo, blasfemar, difamar o injuriar, se usa (a) de una manera general, de cualquier forma de hablar injuriosa, ultrajante, calumniante, como la de aquellos que injuriaban a Cristo, p.e, Mt 27:39, “injuriaban” (RV, “decían injurias”)… (b) de aquellos que hablan despreciativamente de Dios o de lo sagrado, p.e., Mt 9:3; Mr 3:28; Ro 2:24; 1 Ti 1:20; 6:1 …” (WEV).

B. El cristiano debe querer de todo el corazón que nadie hable en contra de la doctrina del Señor, pero estos textos nos hacen ver que para evitarlo tenemos que llevar vidas fieles.

I. El pueblo de Dios puede causar que el nombre de Dios sea blasfemado.

A. Cuando David cometió adulterio con Betsabé y causó la muerte de su marido Urías, el profeta Natán le dijo, “con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová”, 2 Sam. 12:14.

B. Rom. 2:24, “Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (los judíos).

C. 1 Tim. 6:1, “Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina”.

D. Estos textos enseñan que el mismo pueblo de Dios puede causar que el nombre de Dios sea blasfemado. Por causa de la infidelidad del pueblo de Dios, el mismo nombre de Dios es vituperado.

II. La doctrina de Cristo puede ser blasfemada.

A. Tito 2:5, que las hermanas ancianas “enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, 5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

1. Si alguna hermana no cumple con esta enseñanza, ella será criticada, pero también la doctrina que ella profesa creer y seguir será criticada. La doctrina que uno profesa creer y practicar es juzgada no sólo por la doctrina misma, sino también por la práctica (o la falta de práctica) de esa doctrina.

2. En realidad la gente sabe muy poca doctrina, pero todos saben que la mujer debe amar a su marido y a sus hijos, que debe ser cuidadosa de la casa, etc.

B. 1 Tim. 6:1, “Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina”.

C. Los que conocen a los miembros de la iglesia no juzgan la doctrina de Cristo por lo que la Biblia dice, sino por las vidas de los miembros.

D. El cristiano no debe ser indiferente hacia lo que los del mundo piensen de él. La Biblia enseña que lo que piensen los de afuera es importante. Col. 4:5 “andad sabiamente para con los de afuera”; 1 Tim. 3:7, “También es necesario que (el anciano) tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”; 1 Tes. 4:11, “y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, 12 a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada”.

III. Por lo tanto, debemos procurar “adornar” la doctrina de Cristo.

A. Tito 2:9, “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; 10 no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. (Los siervos fieles “adornan” la doctrina, pero los infieles causan que la doctrina sea “blasfemada”, 1 Tim. 6:1).

B. Esto quiere decir que los miembros deben llevar vidas que reflejan de manera favorable la doctrina de Cristo. La iglesia debe tener imán, debe atraer a la gente.

C. Parece que creemos que con pura enseñanza y predicación debemos convertir a la gente, pero Jesús dice (Mat. 5:16), “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. El nombre de Dios no es blasfemado por la vida del fiel discípulo de Jesús; más bien, su nombre es glorificado. Véase también Fil. 2:15, “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

D. 1 Ped. 2:12, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”; 4:11, “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

E. 1 Ped. 3:15, “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Si la vida de los cristianos verdaderamente refleja a Cristo y su doctrina, los de afuera tendrán el deseo de entender cuál es la base de su esperanza; es decir, querrán saber la explicación de su conducta, su habla y su actitud. En muchos casos los de afuera se animan a convertirse, porque quieren ser como los cristianos.

F. El sermón de la vida del cristiano es muy persuasivo. 1 Ped. 3:1, “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa”. La mujer que gana a su marido incrédulo tiene que poseer la belleza interna. 1 Ped. 3:4, “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

G. Hech. 11:24, “Porque (Bernabé) era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor”.

Conclusión.

A. Seamos fieles, pues, para no causar que la doctrina sea blasfemada. Por el contrario, hagamos todo lo posible para que sea adornada.

B. Para lograr este propósito es muy importante el vestido del cristiano. (Es conocido por su “ropa”). Hay que vestirnos de Cristo (Rom. 13:14) para adornar la doctrina de Cristo. Este es el “uniforme” del cristiano.

1. Efes. 4:22, “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (véase también Col. 3:9, 10).

2. Efes. 6:11, “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.

3. 1 Tes. 5:8, “habiéndonos vestido con la coraza de fe y amor”.

4. 1 Ped. 3:3, “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible”.

C. Apoc. 19:8, “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”.

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La gracia de Dios se ha manifestado para salvación

Tito 2:11-14

Introducción.

A. En este texto Pablo habla de la gracia de Dios de manera breve pero en realidad define todo aspecto de ella. La gracia de Dios o la salvación de Dios es Cristo. Luc. 2:29, 30, “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación”. Así dijo el anciano Simeón cuando vio al niño Jesús.

B. “Se ha manifestado” después de estar por mucho tiempo “escondido”. Col. 1:26, “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”; 2 Tim. 1:9, 10.

B. La gracia de Dios es lo que El ha hecho y está haciendo para procurar la salvación del hombre, y lo que el hombre tiene que hacer para aceptar la salvación..

I. ¿Qué es la gracia de Dios?

A. Es el favor inmerecido de Dios. Es Cristo. Es el evangelio. Es el perdón de pecados. Dios no quiere que nadie perezca (Jn. 3:16; 1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9).

B. Es la bondad y el amor de Dios. Tito 3:4, “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó …”

C. La gracia de Dios es que Cristo se dio a sí mismo por nosotros. Nadie le quitó la vida a Jesús, sino que El la dio voluntariamente, Jn. 10:17,18; Heb. 12;2, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

D. La gracia de Dios provee la salvación, porque Dios proveyó al Salvador.

1. El hombre no podía y no puede proveer o efectuar su propia salvación. No puede salvarse solo. Dios no nos salvó “por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”, 3:5; es decir, aun los hombres más justos y rectos (como Cornelio) no podían y no pueden salvarse por medio de sus cualidades buenas, por la sencilla razón de que todos hemos pecado (Rom. 3:22, 23) y, habiendo pecado, llegamos a ser pecadores perdidos sin Dios y sin esperanza (Efes. 2:12).

2. Jn. 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

II. No es la llamada “gracia capacitadora” del calvinismo (agustinismo).

A. En realidad el llamado “calvinismo” es básicamente la teología del llamado “San Agustín”, obispo de Hipona (354- 430 d. de J. C.). Agustín fue “convertido” al cristianismo después de estudiar por lo menos nueve años con los gnósticos (maniqueos) que enseñaban que el cuerpo es malo. Se explica este detalle porque Agustín es el padre de la doctrina de que el hombre nace pecador. En base a esto él inició la práctica del “bautizo infantil” diciendo que todos los infantes que no se bautizan serán condenados. Enseñaba la predestinación arbitraria, negaba que el hombre nace con libre albedrío, que aun los elegidos no pueden creer hasta que Dios les conceda la “gracia capacitadora”, esto es, les da la capacidad o habilidad de creer. Los que reciben esta gracia pueden creer y ser salvos y no pueden caer de la gracia. Esta es, básicamente, la “gracia” según los evangélicos. Es cierto que entre ellos hay mucha diversidad de creencias, pero lo que tienen en común es la doctrina de que por la fe sola el hombre se salva y, por eso, rechazan el bautismo como esencial para la salvación. Tergiversan los textos que hablan de “obrar” o no obrar, usándolos de acuerdo a la teología de Agustín y no en el sentido correcto. Es muy importante explicar a los evangélicos por qué ellos creen en la fe sola. Ellos no saben porqué. Viene del concepto de Agustín de que el hombre nace pecador y que, por eso, no puede participar nada en su salvación, que todo es de Dios (gracia). Si algún evangélico dice que no cree que el hombre nace pecador y cree que sí tiene libre albedrío, entonces explíquele que no tiene sentido alguno la “fe sola”.

B. La Biblia no enseña que el hombre nace pecador y que no puede responder a la llamada de Dios sin alguna experiencia de gracia. Dios no toca el corazón del hombre en alguna manera inexplicable aparte de la predicación del evangelio. Juan 5:25, “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán”; Rom. 10:17, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Como vemos claramente a través de Hechos de los Apóstoles, el evangelio fue predicado a todos (Mar. 16:15; Mat. 28:19) y todos los que creyeron y obedecieron fueron salvos.

1. Efes. 2:8, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Según la teología de Agustín el “don” de este texto es la fe, pero el “don” no es la fe sino la salvación. La fe viene por el oír la palabra (Rom. 10:17).

2. Dios no hace acepción de personas, Hech. 10:34, 35; Rom. 2:11. El evangelio es para todos, Mar. 16:15, 16; Mat. 28:19, Hech. 1:8.

C. La gracia que trae salvación no es la “gracia sola”, pues el mismo versículo y todo el texto (2:11 - 3:8) explican lo que el hombre tiene que hacer.

III. Dios provee la salvación, pero el hombre tiene que aceptar la salvación.

A. La acepta al obedecer al evangelio, 3:5, “por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo”.

1. El “lavamiento de la regeneración” es el bautismo. Véanse Efes. 5:26; Hech. 2:38.

2. Rom. 6:3, 4, por eso, somos bautizados en la muerte de Jesús, pues en su muerte encontramos la sangre que nos lava y purifica. En el bautismo bíblico el creyente penitente hace contacto con la sangre purificadora de Cristo.

B. Tito 3:4, “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho …”. Todas las buenas obras que hubiéramos hechos no podían y no pueden procurar o proveer la salvación. Sólo Dios podía proveer la salvación por medio del Salvador Jesucristo. Por lo tanto, buena gente como Cornelio (Hech. 10:1,2,22) tienen que obedecer al evangelio, porque las buenas obras de justicia que hubieran hecho no les salvarán.

1. Pero los “evangélicos” enseñan que la obediencia y las buenas obras, aun las buenas obras enseñadas por Cristo y los apóstoles y practicadas por los cristianos, no tienen nada que ver con su salvación o justificación. Dicen que uno es salvo por la fe sola y que aun la fe es don de Dios.

2. Pablo no enseña tal cosa. Es indispensable que uno obedezca al evangelio (Mar. 16:16; Hech. 2:38; Rom. 1:5; 16:26), y es indispensable que el cristiano haga buenas obras. Sant. 2:24, “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. Véase también Gál. 5:6.

C. Dios nos salvó “por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. ¿Qué significa esto? Este texto se explica claramente en otros textos:

1. Juan 3:5, “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

2. Hech. 2:38, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

3. Efes. 5:26, “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”.

D. Es necesario dejar que la Escritura explique la Escritura. Tanto en Tito 3:5 como en Hech. 2:38, etc. el tema es la salvación y cómo obtenerla. Obviamente, pues, el lavamiento de la regeneración es el bautismo en agua para perdón de pecados.

E. El arrepentirse y bautizarse es para perdón de pecados. Esto equivale a la salvación o la justificación.

Como dice Pablo a Tito (3:7), “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Según Hech. 2:38 al arrepentirse y bautizarse uno recibe el perdón de pecados y el don del Espíritu Santo; según Tito 3:5, 7 es justificado por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo. ¡Son la misma cosa! Pablo se incluye en el pronombre “nos” (“nos salvó”). ¿Cómo se salvó Pablo? Hech. 22:16, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

IV. ¿Con qué propósito se ha manifestado la gracia de Dios?

A. Para redimirnos de toda iniquidad. Al pecar el hombre se vende a sí mismo a Satanás, pero Cristo pagó el precio de rescate para redimirnos, 1 Ped. 1:18; Hech. 20:28.

B. Y purificar, 2:14. Nos purificó, porque el pecado es sucio. Los pecadores son sucios, contaminados, inmundos y no pueden tener comunión con Dios, 1 Jn. 1:5, 6. Pero Cristo murió para purificarnos, 3:5; Apoc. 7:14; Hech. 22:16; Efes. 5:26.

C. Para sí un pueblo propio, 1 Ped. 2:9, “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

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¿Qué requiere la gracia de Dios de nosotros?

Tito 2:12-14

I. La gracia de Dios es un maestro, un gran instructor.

A. Básicamente paideuo quiere decir disciplinar y castigar, Luc. 23:22, “le castigaré, pues, y le soltaré”. Se traduce “enseñado” en Hech. 7:2, “Fue enseñado Moisés”; 2 Tim. 2:25, “corrija”; se usa de disciplina en Heb. 12:9-11; 1 Cor. 11:32; 2 Cor. 6:9; Apoc. 3:19. Dice Pablo en 1 Tim. 1:20, “a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (obviamente está involucrada la disciplina en el aprender de este texto). Por lo tanto, debemos reconocer que este verbo incluye más que el sencillo impartir conocimiento. Más bien este “Instructor” fiel y competente nos disciplina para que seamos buenos discípulos y seguidores de Maestro.

B. Nos enseña ampliamente que Cristo no nos salvó en los pecados sino de los pecados. No hay salvación para los que quieren persistir en sus pecados. Cristo nos redimió con el propósito de que dejemos el pecado y que seamos vasos útiles en el servicio de Dios, 2 Tim. 2:20-22.

C. Por lo tanto, los que rechazan las instrucciones de la gracia rechazan la gracia misma (JBC).

D. Tito 3:3, “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”. La gracia enseña que tales personas tienen que arrepentirse. Tienen que cambiar. No pueden seguir viviendo de esa manera. Tienen que convertirse en cristianos. Así “éramos en otro tiempo”, pero ahora todo ha cambiado. Ya no vivimos de esa manera.

II. Repudiar, negar o renunciar a la impiedad. Rom. 1:18-32; Gál. 5:19-21, etc.

A. El pecado de hecho, de palabra y de pensamiento. Y a los deseos mundanos, Rom. 13:14; Sant. 1:14; 1 Jn. 2:15-17; 1 Ped. 2:11.

B. Es imposible renunciar a la impiedad si no limpiamos el corazón de los deseos mundanos. Prov. 4:23, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”; Sal. 24:4, “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? 4 El limpio de manos y puro de corazón”; Mar. 7:21, 22; Mat. 5:8, “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.

C. Todos pueden ver que la impiedad sólo produce fruto amargo. Rom. 6:21, “¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte”. La “muerte” de la cual Pablo habla no es simplemente la muerte física, sino la separación eterna de Dios. Es la “segunda muerte”, Apoc. 20:14.

III. Que vivamos sobria, justa y piadosamente.

A. También la gracia enseña que debemos vivir sobria, (cumplir su deber personal, lo que debe a sí mismo), justa (cumplir su deber hacia su prójimo) y piadosamente (cumplir su deber a Dios). El borracho (el que no vive sobriamente) no cumplirá su deber hacia su esposa e hijos y vecinos, pero el es dueño de sí mismo (vive sobriamente) puede cumplir con sus deberes hacia otros (DL).

B. Llevar una vida sobria, justa y piadosa indica que es ser creado conforme a la imagen del que lo creó (Col. 3:10), que se está transformando a la imagen de Cristo (Rom. 8:29), y que es participante de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4).

1. Sobrios (1:8, 2:2, 4, 5, 6). Todos deben llevar vidas sobrias, sensatas, juiciosas.

2. Justos en todos sus tratos con otros, comenzando con la familia y los hermanos.

3. Piadosos. Imitadores de Dios (Efes. 5:2). El cristiano incluye a Dios en todos sus planes (Sant. 4:15). Los piadosos son los que están conscientes de la presencia de Dios con ellos día y noche (Sal. 139:7-12).

C. Y que seamos celosos de buenas obras, 2:14; 3:1, 8; Mat. 25:34-46; Sant. 2:14-26; 1 Jn. 3:18.

IV. ¿Cuál es la motivación y esperanza de los salvos? Las dos “venidas” de Cristo.

A. Los cristianos son motivados a renunciar a la impiedad, llevar una vida piadosa y hacer buenas obras, porque saben que Cristo ha venido para salvarnos (v. 11) y también que El volverá la segunda vez en cualquier momento (v. 13) para juzgar a todos.

1. Cuando Cristo venga, todos los esfuerzos, sacrificios y sufrimientos de sus seguidores serán recompensados. “La dinámica de esta vida es la expectativa de la venida de Jesucristo” (WB).

2. Por eso, debemos amar su venida como Pablo la amaba, 2 Tim. 4:8.

B. Jesucristo es “nuestro gran Dios y Salvador”. Este texto no se refiere a dos Personas sino a una Persona, Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros. Compárese Jn. 1:1; Rom. 9:5; 2 Ped. 1:1; 1 Jn. 5:20. Estos textos dicen enfáticamente que Cristo es Dios. El no es Dios el Padre sino Dios el Hijo.

Conclusión.

A. El encargo solemne (2:15): Con toda autoridad sigue (1) hablando; deje que otros hablen del tiempo, la política, la economía, pero tú habla de estas cosas; (2) exhortando, para que los oyentes acepten, obedezcan y hagan aplicación de estas enseñanzas; y (3) reprendiendo, a los que resistan esta enseñanza y persistan en enseñar el error, las fábulas y todo aquello que sólo cause confusión y disensión.

B. Nadie te menosprecie, “implica la posibilidad de que uno haga círculos mentales alrededor de otro” (ATR). No lo harán si el evangelista cumple con estos requisitos. El predicador del evangelio no es inferior a nadie, pues habla las palabras del Dios Todopoderoso.

* * * * * * * * * *

Que estén dispuestos a toda buena obra

Tito 3:1

Introducción.

A. Tito 2:7, “presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras”; 3:1, “Recuérdeles … que estén dispuestos a toda buena obra”. 2:14, Cristo “se dio a sí mismo para … purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. 3:8, “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”.

C. Esto es lo que enseña la gracia de Dios, 2:11.

I. Las buenas obras son necesarias para la salvación.

A. Según los “evangélicos” las buenas obras no son necesarias para obtener la salvación, porque según ellos el hombre es salvo por la fe sola. Dicen que las “obras proceden de la fe”; es decir, afirman que los que creen harán buenas obras, pero enseñan que no es bíblico decirles que tienen que hacer buenas obras para ser salvos. (Esto es precisamente lo que Pablo está diciendo, 2:14; 3:1, 8 y es lo Santiago 2:24 dice). Eso, según los evangélicos, es legalismo; es decir, si enseñamos que las buenas obras son esenciales para la salvación, entonces el hombre podría salvarse solo, que podría salvarse por sus buenas obras y ganar o merecer su salvación. Esto no es cierto. Dios provee la salvación y el hombre la acepta. Los que no obedecen al evangelio y confían más bien en sus buenas obras para salvarse están muy equivocados, pero los que obedecen al evangelio y hacen las buenas obras enseñadas en el Nuevo Testamento serán salvos por la gracia de Dios.

B. La doctrina falsa de los evangélicos (de que la salvación es por la fe sola) es otro resultado de la herejía de que el hombre nace pecador y que no puede participar en ningún sentido en su salvación, que todo depende de la gracia de Dios y que el hombre no hace nada. Según esa herejía el hombre es salvo por la fe sola y que aun la fe que él tiene es don de Dios. (Esta teología es la base de la Iglesia Católica Romana, como también la de las iglesias “evangélicas” o “protestantes”. No tuvo su origen con Cristo y los apóstoles, ni con los escritores de renombre durante los primeros tres siglos, {tales como Policarpo, Ireneo, Justino-mártir, Cipriano, etc.}, sino con “San Agustín” unos 400 años después de Cristo.)

C. Por esta razón ya enfatizamos en la lección sobre Tito 2:11 que la gracia nos instruye sobre lo que Dios ha hecho para procurar o proveer la salvación, y también sobre lo que el hombre tiene que hacer para aceptar la salvación. El hombre tiene que obedecer al evangelio y hacer buenas obras para aceptar la salvación. Los que NO obedecen al evangelio y NO hacen las buenas obras enseñadas por el Nuevo Testamento rechazan la gracia (salvación) de Dios.

D. Si las buenas obras no son esenciales para la salvación, ¿por qué manda Pablo dos veces en el capítulo tres (1, 8) que los cristianos hagan buenas obras? Pablo no dice que los cristianos harán buenas obras; más bien, él dice, “quiero que insistas con firmeza, para que lo que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras”. El no dice, “no se preocupen, porque yo sé que los que creen harán buenas obras”; más bien él dice que Tito debería insistir en que los que creen lo hagan.

E. Sant. 2:24 dice, “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”.

II. Cristo anduvo haciendo bienes, Hech. 10:38.

A. El dedicó su vida a las buenas obras: Mat. 4:23,24, “sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”; 8:1-4, sana a un leproso; 8:5-13, sana al siervo de un centurión; 8:14-15, sana a la suegra de Pedro; 8:16,17, “con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”;

9:1-8, sana a un paralítico; 18-25, resucitó a la hija de Jairo y sanó a la mujer con flujo de sangre; 9:27-31, dio la vista a dos ciegos; 9:32-34, echó fuera un demonio para que un mudo hablara; 14:13-21, alimentó a los cinco mil; 14:34-36, sanó a los enfermos de Genesaret; 15:21-28, sanó a la hija de la mujer cananea; 15:30, en Galilea “se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; 31 de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel”; 15:32, alimentó a los cuatro mil; 17:14-18, sana a un muchacho epiléptico.

B. El enseña que debemos imitar su ejemplo. No podemos hacer milagros, pero no tenemos que hacer milagros para hacer buenas obras.

1. Mat. 25:34, “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Jesús se identifica con sus discípulos. Si no ayudamos a los hermanos, no ayudamos a Cristo. Este texto habla del juicio final. La salvación no depende solamente del bautismo para remisión de pecados y la asistencia fiel a todos los servicios, sino también depende de las buenas obras. En este texto vemos varias maneras de ayudar a los hermanos: dar de comer, dar de beber, dar hospedaje al extranjero, vestir al “desnudo” (que no tenga ropa adecuada), visitar al enfermo y al encarcelado. El cumplir con todo esto nos cuesta tiempo, servicio, esfuerzo y dinero.

2. Luc. 10:30-37, la parábola del buen samaritano nos enseña que debemos usar de misericordia con todos, y esto no requiere poder milagroso, pero sí le costó esfuerzo y dinero.

C. Mat. 5:7, “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Ser misericordioso no es simplemente un sentimiento de compasión, sino que se refiere a ayudar al necesitado.

1. Mat. 9:27, “Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!” Pidieron misericordia, pero en realidad querían su vista. Mat. 20:30 y Mar. 10:47 registran otro ejemplos de lo mismo.

2. Mat. 15:22, “Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”. Pidió misericordia, pero en realidad quería que Jesús sanara a su hija.

D. Luc. 6:30, “A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos … 35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos … 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”; Hech. 20:35, “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”.

E. Lo que Pablo dice a los tesalonicenses no está en conflicto con esta enseñanza de Jesús. 2 Tes. 3:10, “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 12 A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. No conviene, pues, ayudar a los irresponsables, desobligados, perezosos que son puros parásitos. Es importante reconocer que muchos mendigantes son profesionales; es decir, el mendigar es su empleo (su profesión). De esto viven. Muchos llegan con las iglesias con su historia de mala suerte y mucha necesidad y reciben ayuda. Se aprovechan de la benevolencia de la gente religiosa. Abusan de su bondad. No es correcto ayudarles (2 Tes. 3:10). Muchos aun profesan ser hermanos, diciendo que son miembros de la iglesia de tal o cual lugar, pero los mismos llegan con los bautistas diciendo que son bautistas.

III. Las iglesias primitivas practicaban la benevolencia.

A. Hech. 2:45; 4:34, “vendían sus propiedades y sus bienes” para ayudar a los hermanos necesitados.

B. Hech. 11:27-30, “una gran hambre … los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea”.

C. 1 Cor. 16:1-4; 2 Cor. 8:1-5, los macedonios dieron “más allá de sus fuerzas” para suplir la necesidad de los hermanos pobres de Jerusalén.

D. Las iglesias no practicaban la “benevolencia general” (no dieron el dinero de la ofrenda a los incrédulos), pero con mucho sacrificio ministraban a las necesidades de los santos.

III. “Buenas obras” es doctrina apostólica, Hech. 2:42; 1 Jn. 4:6, y es tan importante como la enseñanza apostólica sobre el bautismo, la cena del Señor y la ofrenda.

A. Rom. 12:13, “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad”.

B. Gál. 2:10, “Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer”.

C. Efes. 4:28, “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. Aparte de la ofrenda, debemos estar listos a ayudar a los necesitados.

D. Sant. 2:14, “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”.

E. 1 Jn. 3:17, “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” Una de las maneras principales de ayudar a muchos hermanos es con dinero. Así fue en el primer siglo, y aun más ahora. Para muchos hermanos los gastos médicos son insoportables. A veces tienen que escoger entre el comprar comida o comprar medicina. También los arriendos son caros, y aun para los que tengan casas propias todo cuesta (el mantenimiento, el seguro, los impuestos, etc.). Además, hay muchos hermanos que viven lejos de nosotros, y desde luego, no podemos estar a su lado en persona, pero con ayuda económica podemos compartir con sus necesidades (Efes. 4:28).

F. Recuerde siempre “la regla de oro”: Mat. 7:12, “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”.

Conclusión.

A. En este estudio hemos enfatizado las buenas obras de benevolencia, pero hay muchas buenas obras aparte de las de benevolencia. El enseñar es buena obra. El evangelizar es buena obra. El exhortar es buena obra. El visitar a los hermanos débiles es buena obra (1 Tes. 5:14; Heb. 12:12, 13). El restaurar a los apartados es buena obra (Gál. 6:1), etc.

B. 1 Tes. 2:13, “que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; 13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra”. El presidir es buena obra. 1 Tim. 3:1, “Si alguno anhela obispado, buena obra desea”.

C. Pero al hablar de “buenas obras” hay mucho énfasis sobre la benevolencia.

D. Se predica mucho sobre la obra personal y sobre la necesidad de evangelizar a la gente. Nos gusta encontrar gente dispuesta a oír. Uno de los medios muy efectivos de tener más “contactos” o candidatos para estudios es que los miembros hagan más buenas obras entre la gente, porque de esa manera somos la luz del mundo. Las buenas obras abren puertas para la palabra.

E. Así, pues, procuremos ocuparnos en toda buena obra.

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Pablo defiende su ministerio a los corintios

(Segunda carta)

Introducción.

A. Todo evangelista debe valorar y apreciar su ministerio.

B. En esto nos conviene ser imitadores de Pablo. A través de la segunda carta a los corintios él describe su ministerio.

C. Por eso, estas lecciones se publican con el estudio de las cartas a Timoteo y Tito.

El ministerio sincero

2 Corintios 1:12

I. “Con sencillez y sinceridad de Dios”.

A. 1:12, “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros”; 7:2, “Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado”.

B. La vida de Pablo era un “libro abierto”. Todos podían testificar de su fidelidad. Hech. 20:18, “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, 19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos”; Hech. 23:1, “Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”; 24:16, “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”; 1 Tes. 2:10, “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes”.

C. Así debe hablar todo predicador del evangelio. Todo cristiano debe ser sincero, pero los maestros de la palabra “recibiremos mayor condenación” (Sant. 3:1).

D. ¿Por qué predicamos? ¿Cuál es nuestra motivación? Si no somos sinceros, no somos nada. Predicadores insinceros hacen mucho daño a la obra de Cristo. Muchos evangelistas se han aprovechado de su influencia con la gente para obtener “ganancias deshonestas” y aun para engañar a sus hermanas en Cristo. Muchas iglesias han tenido que pagar las deudas de predicadores que no cumplieron con sus compromisos.

II. Pablo predicó el evangelio puro.

A. 2:17, “Pues no somos como muchos, que medran falsificando (comercian con, LBLA) la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”.

1. Algunos predican un “evangelio” de conveniencia, un evangelio “barato”, como si fuera mercancía descontada del supermercado. Son puros vendedores o mercaderes y el producto que venden es un evangelio pervertido (Gál. 1:6, 7). Para los tales el predicar es puro comercio. Toman “la piedad como fuente de ganancia” (1 Tim. 6:5).

2. 11:13, “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15 Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

B. 4:1, “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”. Algunos adulteraban la palabra como los vendedores del vino lo adulteraban añadiendo agua para sacar más dinero. Pablo, sin embargo, recibió su ministerio de Dios y con toda sinceridad y honestidad predicaba el evangelio puro (no adulterado).

C. Los discípulos de tales maestros insinceros “compran” un evangelio barato que no salva. Hay muchísimos “evangelios” pervertidos; por ejemplo, el “evangelio” de los llamados “evangélicos” que predican la salvación por la fe sola; el “evangelio” de los mormones; el “evangelio” de los testigos de Atalaya; el “evangelio” de los carismáticos. El mundo religioso cree fábulas sin cuenta: fábulas católicas, fábulas carismáticas, fábulas mormones, fábulas Atalaya (de un “nuevo mundo”), etc.

III. Pablo escribió exactamente lo que quería decir.

A. 1:13, “Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis”.

B. Sus detractores sí engañaban a los corintios. 2:17, “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”; 4:2, “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”.

Para los corintios que se oponían a Pablo el evangelio era pura “mercancía”. Tomaban “la piedad como fuente de ganancia” (1 Tim. 6:5). Eran mercaderes que ofrecían su mercancía por un precio de “descuento” para ganar más gente

Tal “evangelio” estaba sin valor alguno

C. Pero Pablo no era así. No escribió una cosa queriendo dar a conocer otra cosa. No era evasivo, sino que escribió con claridad y sencillez precisamente lo que quería decir. No tenían que “leer entre los renglones”; no tuvieron que usar su propia imaginación o suposiciones para entender lo que Pablo quería decir. El dijo lo que quería decir. No hubo engaño en sus escritos.

IV. Pablo se recomendaba a la conciencia de todo hombre.

A. 4:2, “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”. Manifestaba (predicaba, proclamaba) la verdad misma de la manera más pública.

B. Esta es la prueba de la sinceridad. Si alguno no está dispuesto a obrar abierta y públicamente, ¿qué está escondiendo?

C. El trabajo del predicador es precisamente esto: presentar el evangelio y recomendarlo a toda conciencia humana delante de Dios. El predicador no toma decisiones por la gente, pero da a conocer el evangelio puro para despertar la conciencia de los hombres para que ellos mismos puedan tomar decisiones.

D. Es “delante de Dios”. De otro modo no vale la conciencia, pues el papel de la conciencia es tenernos responsables delante de Dios. Al oír el evangelio, el hombre se da cuenta de la voluntad de Dios y del juicio final, y entonces su conciencia le dice que debe obedecer y si no lo hace, será castigado eternamente.

Conclusión.

A. El ministerio de Pablo era, pues, de Dios, y él lo llevaba a cabo con toda sinceridad y honestidad.

B. Su vida le apoyaba en su predicación. Practicaba lo que predicaba.

C. El no era como los líderes religiosos que eran (y son) más bien mercaderes que se aprovechan de su puesto e influencia para engañar al pueblo y para sacar beneficios personales. Lamentablemente, mucha gente prefiere el “evangelio barato” de tales falsos maestros.

D. En fin, Pablo no predicó a sí mismo: 4:5, “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús”. No predicaba sus propios pensamientos, ideas, opiniones. No buscó el favor de los hombres (Gál. 1:10). 1 Cor. 2:1, “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”.

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El ministerio victorioso

2 Corintios 2:14-16

I. Pablo participaba en una procesión de triunfo.

A. 2 Cor. 2:14, “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”. Este texto pinta la imagen de un general triunfante con su ejército que regresa de la guerra, trayendo despojos y cautivos.

B. En tales ocasiones el aire se llenaba con la aroma del incienso que se quemaba y por muchas flores de toda clase que se desparramaban por el camino, pues era una ocasión muy festiva.

C. Pablo emplea esta figura porque su primera carta dio con el blanco. La voluntad de Dios prevalecía porque el pecado se había corregido. De esa manera las fuerzas de Satanás sufrió derrota.

II. Dondequiera que vaya el evangelio, el conocimiento de Dios se difunde.

A. 4:6, “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”; 10:5, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Aquí en 2 Cor. 2:14 el propagar el evangelio es como difundir una aroma grata.

B. Efes. 5:2, “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”.

C. Fil. 4:15, “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; 16 pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”.

D. Hay otra hermosa figura en Isa. 11:9. Hablando del resultado de predicar el evangelio el profeta dice, “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar”.

III. Olor de muerte, olor de vida.

A. 2:15, “Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; 16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?”

B. Durante la procesión militar la aroma era “grato olor” para los victoriosos, pero la misma aroma era olor de muerte para los cautivos.

C. De la misma manera, el evangelio es “buenas noticias” para los que lo obedecen y “malas noticias” para los que lo rechazan. Mar. 16:16, “El que creyere y fuere bautizado serán salvos, mas el que no creyere será condenado”.

D. El mismo evangelio que suaviza el corazón de algunos endurece a otros. Rom. 9:18, “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”.

1. Hech. 13:45-48, los judíos se endurecieron y los gentiles obedecieron. El mismo sol que suaviza también endurece.

2. Fil. 1:28, “y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios”.

3. 1 Ped. 2:7, “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8 y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”. Jesucristo es la principal piedra del ángulo, pero también es piedra de tropiezo.

E. Jn. 9:39, “Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”.

IV. Sin embargo, es importante recordar que la obra de los fieles no es en vano.

A. 1 Cor. 15:58, “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

B. Isa. 55:10, “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

Conclusión.

A. El libro de Hechos registra muchas de las persecuciones de Pablo. Su ministerio, sin embargo, era muy victorioso.

B. Los oyentes mismos determinan si el evangelio es para ellos olor de vida para vida o si es olor de muerte para muerte.

C. Pero la obra de predicar el evangelio nunca es en vano.

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El ministerio aprobado

2 Corintios 3:1-3

I. Los corintios eran la obra de Pablo en el Señor.

A. La segunda carta a los corintios tiene mucho que ver con el ministerio de Pablo. Sus detractores decían que su ministerio no era aprobado por Dios. P. ej., 10:10, “Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable”.

B. Pero como Pablo dice en la primera carta, 9:1, “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? 2 Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor”. ¿Cómo podían los corintios dudar, pues, de su ministerio? Si la obra de Pablo no estaba bien, ¿qué de la salvación de ellos? Ellos eran su obra en el Señor.

II. ¿Pablo necesitaba una carta de recomendación para los corintios?

A. 3:1-3, “¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? 2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”.

B. Pero los enemigos de Pablo querían volver a escribir esa carta expedida por Pablo; querían cambiarla. La carta que ellos querían escribir hubiera sido una carta muy confusa y llena de error y mentiras, no una carta de salvación sino de perdición.

C. ¿Cómo podían los hermanos corintios dudar de la autenticidad del ministerio de Pablo puesto que ellos eran su obra? Al dudar de él y su ministerio tenían que dudar de su propia salvación.

D. ¿Acaso Pablo necesitaba alguna carta de recomendación para que ellos confiaran en él? A veces es apropiada tal carta (p. ej., Hech. 18:27, 28). Tal carta en sí misma no es mala, pero hubiera sido absurdo que Pablo presentara tal carta de recomendación a los corintios, pues ellos mismos eran su carta de recomendación.

E. Uno de los mejores sermones que el evangelista puede predicar es el sermón de una iglesia fiel que ha sido establecida, confirmada y edificada por él. Tal sermón es una carta muy pública (como un documento en la pared de la oficina de correo), conocida y leída por todos.

III. ¿Qué clase de carta pública es la iglesia de la cual somos miembros?

A. Hay distintas clases de “cartas” leídas por el público. Por ejemplo:

1. La iglesia de Jerusalén, una carta de unidad, Hech. 2:42, 46.

2. La iglesia de Antioquía, una iglesia evangelística, Hech. 13:1-3.

3. La iglesia de Filipos, una iglesia que tenía comunión económica con Pablo, Fil. 4:14-18.

4. La iglesia de Laodicea, una iglesia tibia (indiferente), Apoc. 3:16, 17.

5. Las iglesias de Galacia, iglesias fascinadas por los judaizantes, Gál. 3:1 (1:6-9).

B. Desde luego, la “carta” (la iglesia de Corinto) a la cual Pablo se refiere aquí tuvo sus problemas, pero como dice en 2 Cor. 2:6, 7; 7:8-11, esa iglesia practicaba la disciplina.

Conclusión.

A. Para concluir, debemos preguntarnos, ¿qué clase de “carta” estamos escribiendo nosotros? Algunos predicadores escriben cartas muy hermosas y otros escriben cartas muy pobres. Algunos escriben cartas de disensión, desavenencia y división. Otros escriben cartas mundanas o del sectarismo.

B. ¿Estamos escribiendo una carta buena, clara, bien leíble, inteligente y efectiva?

C. Que el Señor nos conceda corazones suaves (“tablas de carne del corazón”) que reciban la impresión de su palabra. Luc. 8:15, “Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”; Hech. 10:33, “Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado”. En cada ciudad o pueblo debe haber unos cuantos como el eunuco, Cornelio, Lidia y el carcelero. Hay que buscarlos con diligencia.

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El ministerio glorioso

2 Corintios 3:7-11

Introducción.

A. 2 Cor. 3:1, “¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?”

B. La primera respuesta es que los corintios eran su carta de recomendación (3:1-3).

C. La segunda respuesta es que él es recomendado por el ministerio glorioso del Nuevo Pacto en contraste con la gloria del ministerio de Moisés bajo el Antiguo Pacto.

D. 3:4, “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto”. Al hablar de ser bien recomendado, humildemente lo atribuye no a sí mismo sino al Señor.

I. Características del Nuevo Pacto.

A. 3:6, “no de la letra, sino del espíritu (Espíritu, LBLA), porque la letra mata, mas el espíritu (Espíritu, LBLA) vivifica”.

B. “La letra” es la ley de Moisés; “el espíritu” (Espíritu, LBLA; 3:18) es el evangelio.

1. La expresión, “la letra mata, mas el espíritu vivifica” es un texto que muchos tuercen diciendo que “la letra” es lo que la Biblia dice, y que “el espíritu” es la interpretación de cada persona de acuerdo a su propio razonamiento subjetivo (su intuición, imaginación, opinión o sentimiento).

2. Pero es obvio que “la letra” es la ley de Moisés porque Pablo habla de “el ministerio de muerte grabado con letras en piedras” (v. 7). Se refiere a los diez mandamientos grabados en piedra.

II. El contraste entre la gloria del Antiguo Pacto y la del Nuevo Pacto.

A. Es por esto que el ministerio de Pablo es glorioso. El contraste es significativo y muy importante.

B. El ministerio del Antiguo Pacto es un ministerio de muerte, porque sólo condenaba a los pecadores sin proveer para ellos un salvador.

C. El ministerio del Nuevo Pacto es un ministerio de justificación, porque a través de Cristo nuestro Salvador todos pueden ser justificados de sus pecados.

III. Pablo afirma que el ministerio de Moisés era con gloria.

A. Para ilustrar lo glorioso de su ministerio, primero habla de la gloria del ministerio de Moisés, pues en este ministerio algunos de los hermanos de Corinto se gloriaban. Pablo trata de este problema mayormente en la carta a las iglesias de Galacia, pero también en otras cartas (Rom., 2 Cor., Gál., Efes., Col., 1 y 2 Tim., Tito).

B. Pablo no se avergonzaba del ministerio de Moisés. Habla de él con respeto y reverencia. 3:7, dice que el ministerio de Moisés “fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro”. Ex. 34:29, “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. 30 Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él”.

C. En realidad los enemigos de Pablo que profesaban lealtad a Moisés adulteraban no solamente el evangelio, sino también la ley de Moisés, porque no la usaban correctamente. 1 Tim. 1:8, “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente”. Nunca fue el plan de Dios de que ciertos mandamientos y reglamentos de la ley de Moisés se mezclaran con el evangelio. Adulteraban la palabra tanto del Antiguo Testamento como la del Nuevo Testamento (4:2).

IV. Pero el ministerio de Moisés era “ministerio de muerte”.

A. 3:7, “Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, …”; 3:9, “Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación”.

1. Se llamaba “ministerio de muerte” y “ministerio de condenación” porque condenaba al pecador y no había Salvador.

2. Ofrecían sacrificios de animales para expiar los pecados; sin embargo, leemos en Heb. 10:3, “Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; 4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.

B. En este sentido Pablo habla de “la letra” que “mata”. 3:6, “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.

V. El ministerio de justificación es más glorioso que el ministerio de la condenación.

A. 3:7, “los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece”.

B. El ministerio de Pablo era el ministerio del Espíritu (el ministerio de justificación) y tiene más gloria porque sus efectos son más gloriosos. Ofrece una esperanza que no había bajo el ministerio de condenación. 3:12, “Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza 13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido”.

C. La gloria del ministerio de muerte no era duradera, pero la gloria del ministerio de justificación permanece. 3:11, “Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece”.

Conclusión.

A. Por esta razón (su confianza en la gloria permanente de su ministerio) Pablo usaba “de mucha franqueza” (3:12).

B. 3:13, “y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”.

C. Sin embargo, 3:16, “cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará”, y son transformados a la imagen de Cristo, 3:16-18.

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El ministerio de sufrimiento

2 Corintios 4:7-18

Introducción.

A. Mat. 10:24, “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Con estas palabras Jesús envió a los apóstoles a predicar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Les habló de lo que iban a sufrir por Su nombre.

B. Hech. 9:15, “El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” Así dijo el Señor a Ananías acerca de Saulo de Tarso. Lucas registra muchos de los sufrimientos de Pablo (Hech. 21-28).

C. En la segunda carta de Pablo a los corintios leemos de su ministerio de sufrimiento.

I. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro.

A. El “tesoro” es el evangelio y los “vasos de barro” son los apóstoles que lo llevaban a todas las naciones.

B. Los “vasos de barro” eran los vasos comunes que se usaban en todos los hogares. No eran costosos ni elegantes. Más bien eran frágiles y frecuentemente se quebraban.

C. ¿Por qué depositar un tesoro tan precioso en vasos tan comunes y frágiles?

1. Seguramente los hombres no actúan de esta manera.

2. Pero recordemos Isa. 55:8, “8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.

3. También 1 Cor. 1:26, “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

II. Para que la excelencia (la extraordinaria grandeza, LBLA) del poder sea de Dios, y no de nosotros.

A. Hay un contraste grande entre “tesoro” (el evangelio, la extraordinaria grandeza del poder de Dios) y los “vasos” tan frágiles de barro (no sólo hombres, sino hombres que ante los ojos del mundo eran insignificantes). ¿Quién no puede ver este contraste tan significativo?

B. Pero si Cristo hubiera escogido a príncipes y ricos para ser sus apóstoles, entonces sin duda el éxito del evangelio no se habría atribuido a Dios, sino a estos hombres “tan importantes”, pero en realidad los apóstoles escogidos por Cristo eran hombres comunes (p. ej., cuatro de ellos eran pescadores).

III. Aparte de ser hombres no famosos, se veían aun más “débiles” porque sufrían mucho. Sin embargo, superaban las pruebas, porque gozaban de la ayuda de Dios.

A. 4:8, “que estamos atribulados (prensados como uvas) en todo, mas no angustiados (no agobiados, LBLA; estrechados, estar en un lugar angosto, ATR; aplastados, FL)”

B. 4:8, “en apuros (apurados, LBLA, FL, perplejos), mas no desesperados (estar totalmente sin carente de camino … sin rumbo, sin recursos”. “Un juego de palabras sumamente eficaz aquí” (ATR; WEV): aporoumenoi, pero no exaporoumenoi.

C. 4:9, “perseguidos, mas no desamparados”, Mat. 27:46; (dejar atrás, dejados en medio del conflicto, ATR), pero Jesús había dicho, Mat. 28:20, “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Fil. 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Desde luego, Pablo y los otros apóstoles no pudieron haber soportado tantas pruebas sin la ayuda continua de Cristo. Hech. 23:11, “el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma” (véase también Hech. 27:23, 24).

D. 4:9, “derribados”, Hech. 14:19, “Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto”; “pero no destruidos”. ¡Cuántas veces estaba Pablo a la misma “puerta” de la muerte! La muerte era su “compañera” durante su ministerio. Verdaderamente era un “ministerio de sufrimiento”.

E. 4:10, “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús”.

1. Este lenguaje no es figurado, pues llevaban literalmente en sus cuerpos los golpes, azotes y heridas “de Jesús” (11:24-28).

2. 1 Cor. 15:31, “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero”.

3. Fil. 3:10, “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”.

4. Por lo tanto, todo lo que él está mencionando en los vers. 8 y 9 era en realidad una participación de los sufrimientos de Jesús. Tenían “comunión” o participación con Cristo en esto.

F. El sufrimiento de los apóstoles cumplía las palabras de Jesús: Jn. 15:18-21.

IV. ¿Con qué propósito sufrían los apóstoles de esa manera?

A. 4:10, “para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos”. En el sufrimiento de los apóstoles por Cristo, la vida de Jesús se manifestaba. Se exhibió la muerte de Jesús en sus cuerpos, para poder exhibir la vida de Jesús. Los judíos y romanos lo crucificaron, pero El vivía, no sólo en el cielo a la diestra de Dios, sino también en sus apóstoles y en todos sus discípulos.

B. 4:11, Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

C. 4:12, De manera que la muerte actúa en nosotros (pues eran simplemente vasos frágiles de barro), y en vosotros la vida”. No la “vida” de Jn. 10:17, 18, sino la vida de Jn. 14:6, pues Cristo es el Autor de la vida que fue publicada por el ministerio de los apóstoles.

Conclusión.

A. ¿Cuándo recibieron esta vida los corintios? Hech. 18:10, “muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”. Después del bautismo, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18). Esta es la vida de la cual Pablo habla.

B. Esto siempre era el gran objetivo. Los apóstoles no sufrían en vano. No murieron en vano. Ellos perdieron su vida para hallarla. Mat. 10:39 “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”. Y a través de este ministerio en el cual la muerte actuaba en los apóstoles, la vida actuaba en los que fueron convertidos a Cristo por ese ministerio.

C. El sufrimiento de su ministerio (descrito en los vers. 8, 9) continuaba durante toda su vida. Estaban continuamente atribulados, apurados, perseguidos y derribados, pero este ministerio de sufrimiento continuamente producía vida para los que fueron convertidos. “Todas estas cosas padecemos por amor a vosotros” (4:15).

D. 4:13, “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, {Sal. 116:10, la muerte era la compañera de David también} nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, 14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros”.

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El ministerio de esperanza

2 Corintios 4:16 - 5:10

Introducción.

A. Frecuentemente citamos este texto para hablar de la esperanza de todo cristiano, pero en este texto se refiere al ministerio de Pablo.

B. Afirma que a pesar de ser ministerio de sufrimiento, también era ministerio de esperanza.

I. Por tanto, no desmayamos, 4:16.

A. Así comenzó esta sección: 4:1, “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. El ministerio sincero, triunfante y glorioso le había causado mucho sufrimiento, pero no desmayaba. A través del cap. 4 él nos explica por qué no se desesperaba en medio de tanto sufrimiento. El entendía que tal sufrimiento tiene su propósito; es decir, no sólo le hacía daño, sino que también le hacía bien, le ayudaba.

B. Lo repite en el ver. 16, habiendo dicho, “sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús” y que “todas estas cosas padecemos por amor a vosotros”.

C. Es cierto que el “hombre exterior se va desgastando” (los recursos físicos se agotaban), pero “el interior (el hombre que responde a Dios y es fortalecido por Dios, Efes. 3:16) no obstante se renueva de día en día”. Los vasos de barro son frágiles. Los azotes, naufragios, desvelos, etc. acaban con el hombre exterior, pero el hombre exterior no es el todo del hombre. El verdadero hombre, el interior, se renueva, se fortalece; es decir, para cada golpe o ataque contra el hombre exterior, Dios le dio fortaleza al hombre interior y de esa manera podía soportar y perseverar. Este pensamiento le dio mucho aliento durante su ministerio de sufrimiento. “Como tus días serán tus fuerzas” (Deut. 33:25).

II. Esta leve tribulación momentáneo, 4:17

A. ¿Cómo podría Pablo hablar de sus muchos sufrimientos (2 Cor. 11:24-28) como “leve tribulación momentánea”?

B. Desde luego, los sufrimientos del ministerio de Pablo no eran livianos, sino muy “pesados”, pues fueron muchos y severos, pero él dice “leve” porque los pone en contraste con el “cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. Vistos de esta manera no eran tan pesados.

C. Dice “momentánea”, porque él se daba cuenta del contraste muy significativo entre lo temporáneo y lo eterno. A veces se habla del sufrimiento de esta vida como “interminable” porque dura por semanas, meses y aun por años, pero en cuanto a lo que se refiera a esta vida física, no hay nada interminable, porque pronto se acaba (Job 97:6, 7; 8:9; 9:25,26; Sal. 39:5, 6; Sant. 4:13-16).

D. “Produce”, Procura, obra, gana, trae consigo, algo bueno y beneficioso. El sufrimiento del ministerio no era en vano. Tiene su propósito (12:8-10; Rom. 5:3-5; Sant. 1:2-4; 1 Ped. 1:7). Produce en nosotros “un peso de gloria”. ¿Cómo se describe ese peso de gloria? “En una medida que sobrepasa toda medida” (ATR); “con superioridad insuperable” (FL).

E. Por lo tanto, por pesado o severo o extenso que sea el sufrimiento del ministerio, al compararlo con el eterno peso de gloria, se ve como cosa insignificante. Se requiere fe verdadera, esperanza viva y madurez espiritual para poder considerar de esta manera el sufrimiento del ministerio.

III. No mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, 4:18

A. El hombre exterior que se va desgastando no sólo por los años y enfermedades, sino también por los azotes, naufragios, desvelos, etc. En este contexto estas son “las cosas que se ven”.

B. Las “cosas que no se ven” se refieren a la renovación del hombre interior y el “cada vez más excelente y eterno peso de gloria”.

C. Pero las cosas que se ven son temporales. No duran para siempre. Tienen su término. Luc. 12:4, “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer”.

D. Y las cosas que no se ven son eternas. Las cosas eternas se ven solamente por los ojos de fe. Heb. 11:27, “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”.

IV. Porque sabemos, 5:1. Este capítulo es la continuación del tema del ministerio de esperanza. No hay cambio de tema; es decir, “no desmayamos” “porque sabemos,” etc.

A. No es el “saber” de la intuición, o de la experiencia personal o el testimonio humano. “Sabemos” porque Espíritu Santo lo ha revelado, 1 Cor. 2:9-14; 1 Tes. 5:2. Tampoco dice “pensamos” o “creemos” o “esperamos”, sino “sabemos”. Heb. 11:1, “Es, pues, la fe la certeza (sustancia, seguridad) de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”; en su primera carta Juan dice repetidas veces, “sabemos”.

B. En la primera carta a los corintios, cap. 15, Pablo desarrolla ampliamente el tema de la resurrección. Aquí vuelve al tema porque está describiendo su ministerio como ministerio de esperanza. Los enemigos de Pablo en Corintio habían atacado su ministerio, pero ¿cuál sería el fin del ministerio de ellos? Llevaba a la muerte, pero el de Pablo llevaba a una gloriosa resurrección.

C. ¿Qué sabemos? “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”. El cuerpo es un tabernáculo (cabaña, tienda, morada de nómadas, gente sin domicilio fijo). 2 Ped. 1:13, “Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo (tabernáculo), el despertaros con amonestación; 14 sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado”. Heb. 11:10, Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos” (tiendas no tienen fundamentos). Muchos no son consecuentes cuando cantan “No puede el mundo ser mi hogar”, pero Pablo pudiera haber cantado este himno con toda sinceridad.

D. Pablo dice “si … se deshiciere”. Esta es la palabra que se usaba para decir “deshacer una tienda”. Se presenta contraste entre un tabernáculo que se deshace y una casa que no se deshace. Con esa actitud Pablo no se preocupaba por lo que hicieran a su cuerpo. Hech. 20:24, “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”; 21:13, “Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.

V. Y por esto también gemimos.

A. “Gemir (por un sentimiento interno, inexpresado, de dolor … Mr 7:34” (WEV); “suspiro por causa de una situación incómoda” (JT).

B. Gemimos porque “nuestro hombre exterior se va desgastando” y porque deseamos “ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”. Rom. 8:23, “y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.

C. Ya nos “revestimos” de Cristo. Gál. 3:27, “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”; ya nos “revestimos” del nuevo hombre, Col. 3:10. Ahora gemimos porque queremos ser “revestidos” de nuestros cuerpos celestiales. Fil. 3:20, “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. Véase 1 Cor. 15:50-53.

D. 5:3, “pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos”. Esto no es lenguaje de pesimismo. No anhelamos la muerte simplemente para escapar de los problemas de la vida. El punto es que no simplemente queremos ser hallados “desnudos” (sin cuerpo); más bien, queremos “ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”. 4 “Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (1 Cor. 15:54). “Pablo no desea ser un mero espíritu desencarnado sin su vestimenta espiritual” (ATR).

E. 5:6-8, “entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor … pero confiamos y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”, porque sería “muchísimo mejor” (Fil. 1:23), pero estaba dispuesto a seguir viviendo en este mundo para continuar su servicio a Dios y a los hermanos (Fil. 1:24).

Pero es importante tener presente siempre que estando en el cuerpo no estamos “en casa”, sino que al morir estaremos en casa. Nuestra ciudadanía está en los cielos. Aquí somos peregrinos, 1 Ped. 4:11.

VI. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios.

A. Siempre da el honor a Dios, 2:14; 3:6, etc.

B. Ha obrado en nosotros el nuevo nacimiento, la redención, la santificación, la reconciliación, y obrará también esta transformación.

C. Quien nos ha dado las arras del Espíritu, como prenda (como primer pago) y garantía de darnos esta bendición también.

Conclusión.

A. Por esta causa “no desmayamos”. El ministerio de sufrimiento es también ministerio de esperanza. Por eso, “vivimos confiados”.

B. Nuestro propósito principal es, pues, “serle agradables”. 5:10, “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

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La dedicación de Pablo a su ministerio

2 Corintios 5:11-21

Introducción.

A. Pablo sigue explicando y defendiendo su ministerio para refutar lo que sus enemigos en Corintio decían en su contra.

B. En este texto vemos lo que le motivaba a ser tan dedicado a su ministerio.

I. 5:11, “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres”.

A. La palabra “pues” conecta esto con el versículo anterior que habla del juicio final, el cual debe producir temor en el corazón de todos. Hech. 24:25, “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Felix se espantó”; Mat. 25:40, “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”; Apoc. 20:15, “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.

B. Pablo persuadió a muchos hombres. Lucas registra los resultados del ministerio de Pablo en Hechos de los Apóstoles. También observamos su gran capacidad para persuadir al leer sus cartas inspiradas. Es muy importante estudiar este ministerio y aprender cómo Pablo persuadió a los hombres a obedecer al evangelio, y luego persuadió a las iglesias a permanecer fieles.

C. Según este texto el predicador mismo es el que debe conocer el temor del Señor, y de esa manera ser motivado a persuadir a los hombres. Pero la predicación misma debe incluir todo aspecto del evangelio, con mucho énfasis sobre el amor y misericordia de Dios, la vida, muerte y resurrección de Cristo, como también la denuncia del pecado y cómo obtener el perdón de Dios; es decir, la predicación no debe ser pura amenaza del castigo eterno. Desde luego debemos huir de la ira venidera, pero Dios quiere que seamos movidos por el amor y gratitud para servirle. Mat. 22:37, “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento”. Si nuestra obediencia no es motivada por el amor, no escaparemos de la ira.

II. No nos recomendamos a vosotros.

A. Pablo tuvo detractores en Corinto. Reclamaban ser siervos y apóstoles de Cristo (11:5, 13, 22). Se jactaban de sus antecedentes judaicos (11:22,23), pero proclamaban a “otro Cristo” (11:4). Obviamente decían que Pablo no tenía cartas de recomendación como ellos habían llevado a Corinto; negaban la autoridad de Pablo como apóstol (3:2; 12:12); decían que sus cartas eran muy fuertes pero que su presencia corporal era débil (10:1, 9), y otras acusaciones falsas.

B. Lo importante era que “a Dios le es manifiesto lo que somos”; también esperaba “que también lo sea a vuestras conciencias” (4:2). Pablo sí se recomendaba: 6:4, “nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, etc.”

C. “Os damos ocasión de gloriaros por nosotros”. Pablo tuvo muchos amigos en Corinto. Sus enemigos no habían corrompido a todos. Con esta carta los hermanos fieles tendrían muchas “municiones” para refutar los cargos falsos de sus oponentes. El no quería agradar a los hombres (Gál. 1:10) y no buscaba la gloria de los hombres (Juan 5:41), pero tuvo que defenderse para defender el evangelio que predicaba. Lo que odiaban los enemigos de Pablo era la verdad que él predicaba.

D. Hermanos fieles deberían defender al predicador fiel. Frecuentemente predicadores fieles son calumniados aun por hermanos (carnales) simplemente porque éstos no aman la verdad y no quieren que el predicador denuncie sus pecados. Quieren hacer que el predicador calle la boca. Cuando esto sucede los fieles deben levantar su voz y con toda convicción apoyar al predicador y la verdad que él predica. Recuérdese siempre que en estos casos el verdadero blanco no es el predicador, sino la verdad que él predica. Juan el bautista, Cristo, Pablo, Esteban y muchos otros fueron perseguidos (y aun muertos) no por ser personas tan desagradables, sino por lo que predicaban.

III. 6:13, Porque si estamos locos, es para Dios.

A. Parece que sus detractores decían que estaba loco. Mar. 3:21, “Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí”; Hech. 26:24, “Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. 25 Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura”. Siempre los del mundo que están enamorados de la sabiduría humana piensan que los cristianos fieles y celosos están locos. Dicen que son “fanáticos”, porque no entienden la conducta de los que sinceramente creen en Dios y quieren vivir de acuerdo a su voluntad. ¡Cuántos maridos incrédulos creen que sus esposas son fanáticas simplemente porque quieren asistir a las dos reuniones de la iglesia el domingo y todas las noches durante una serie de predicaciones!

B. Dice Pablo que si es así, entonces “es para Dios”. 1 Cor. 4:10, “Nosotros somos insensatos por amor de Cristo”. Si Pablo estaba loco, era por causa del celo que él tenía por las cosas de Dios.

IV. 6:14, Porque al amor de Cristo nos constriñe.

A. El amor a los hermanos, el juicio final, conociendo el temor de Dios y ahora “el amor de Cristo nos constriñe”. Esta frase es como un resumen de las otras cosas que motivaban. Si los corintios querían entender cuáles eran las fuerzas que le movían e impulsaban, aquí están. Aquí está la explicación de su gran dedicación a su ministerio.

B. Aquí está el fuerza motriz, la fuente de toda su energía en su ministerio: Cristo murió, y “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. El significado verdadero del ministerio de Pablo era la muerte de Cristo.

C. En base a esto, 5:18, “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. Así, pues, el ministerio de Pablo, como embajador de Cristo, era ministerio de reconciliación, porque Cristo murió en la cruz para que a través de El los hombres puedan ser reconciliados con Dios y tener comunión con El (Efes. 2:12-17; Col. 1:21).

1. No es correcto aplicar el nombre “embajador” a otros cristianos. Los apóstoles eran embajadores de Cristo, porque eran sus apóstoles escogidos, testigos escogidos, y recibieron su comisión directamente de Cristo y recibieron el evangelio del Espíritu Santo.

2. “No tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”. Esta expresión significa simple y sencillamente que Dios perdona los pecados. Compárese Rom. 4:6, “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, 7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. 8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado”. Es muy obvio que este texto dice la misma cosa de tres maneras: (1) iniquidades perdonadas; (2) pecados cubiertos; y (3) no inculpa de pecado.

Conclusión.

A. Vemos en este texto la explicación de la dedicación de Pablo al ministerio de reconciliación.

B. Fue motivado o impulsado por el temor de Dios a persuadir a los hombres; el amor de Cristo le constreñía; y consciente de la condición lamentable de los hombres perdidos, como embajador de Cristo rogaba en nombre de Cristo: “Reconciliaos con Dios”.

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Los encabezados (títulos) de estos temas sobre 2 Corintios se encuentran en el estudio del hermano Homer Hailey titulado “The Preacher - His Spirit and Work”. El dice, “El siguiente bosquejo de 2 Corintios viene del comentario por el Sr. Charles R Erdman”.

Es un bosquejo excelente. Se recomienda que al estudiar toda la carta, se recuerde que Pablo está defendiendo su ministerio entre los corintios.

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